BERTROL

miércoles, 23 de enero de 2013

Milagros de nuestra señora, Capítulo Octavo. "El ROMERO DE SANTAGO"

Amigos y señores, por Dios y caridad
oid otro milagro, hermoso de verdad:
San Hugo lo escribió, de Cluny fue abad,
y aconteció a un monje de su comunidad.

Un fraile de su casa Giraldo era llamado,
antes que fuese monje no era muy enseñado,
de vez en vez hacía locuras y pecado
como hombre soltero que vive sin cuidado.

Vínole al corázón, tal como estaba un día,
el apóstol de España irse de romería;
dispuso sus asuntos, buscó su compañía,
y ajustaron el término que tomarían su vía.

Cuando iban a salir, hizo una enemiga:
no guardó penitencia como la ley obliga,
en vez de hacer vigilia se acostó con su amiga
y metióse en camino con esta mala ortiga.

No había andado mucho aún de la carrera
- apenas podía ser la jornada la tercera-
cuando tuvo un encuentro por una carretera;
mostrábase por bueno, y en verdad no lo era.

El enemigo antiguo siempre fue gran traidor,
y es de toda enemiga maestro sabedor;
a las vees semeja un ángel del Criador
y es en vez diablo fino, de mal sonsacador.

El falso transformóse en ángel verdadero,
parósele delante en medio de un sendero:
"Seas el bienvenido - le dijo a este romero -;
me pareces de veras simple como un cordero.

Saliste de tu casa por venir a la mía,
cuando salir quisiste hiciste una folía:
piensas sin penitencia cumplir tal romer´+ia;
no te agredecerá esto Santa María".

"¿Y quién sois vos, señor?" preguntóle el romero.
Respondióle: "Santiago, hijo de Zebedeo.
Sábelo bien, amigo, andas de devaneo;
parece que no tienes de salvarte deseo."

Dijo entonces Giraldo: "Señor, ¿qué me mandaís?
Yo quiero cumplir todo aquello que digaís,
porque veo que hice grandes iniquidades,
que no tomé el castigo que dicen los abades."

Dijo el falso Santiago: "Este es el juicio:
que te cortes los miembros que hacen el fornicio;
así que te degüelles harás a Dios servicio,
que de tu carne misma le harás tu sacrificio."

Creyólo el infeliz, loco desaconsejado:
sacó su cuchillo que tenía amolado,
cortó sus genitales el malaventurado,
así se degolló, murio descomulgado.

Cuando sus compañeros los que con él salieron,
llegaron a Giraldo y en tal forma lo vieron,
la más pesada cuita de vida sintieron,
más cómo pasó esto pensar no lo pudieron.

Veían que por ladrones no estaba degollado,
pues nada le faltaba, nada le habían robado;
tampoco ningín hombre lo había desafiado;
no sabían de qué modo quedaba ocasionado.

Huyeron luego todos, todos desparramados,
porque temían ser de esta muerte acusados,
aunque eran inocentes, podían ser culpados
y por ventura ser prendidos y achacados.

El que le dip el consejo con sus atenedores,
los grandes y los chicos, menudos y mayores,
a su alma trabaron esos falsos traidores,
y llevábanla al fuego a los malos sudores.

Y mientras la llevaban , no de buena manera
Santiago los vio, cuyo el romero era,
salióles a gran prisa por aquella carrera,
se les paró delante por la faz delantera.

"Dejad -dejad-, malillos, la presa que lleváis
porque no os pertenece tanto como penái;
tratadla con cuidado y fuerza no le hagáis,
que no podréis con ella, aunque bien lo queraís."

respondióle un diablo, parósele rehacio:
"Iag, ¿quieres que hagamos de ti todos escarnio?
¿a la razón derecha quieres tú ser contrario?
Traes mala cubierta bajo el escapulario.

Giraldo hizo enemiga, matóse con su mano
tendrá que ser juzgado de Judas por hermano
Bajo todas las luces es nuestro parroquiano:
Iago, contra nosotros quieras ser villano."

Le repuso Santiago: "Don traidor palabrero,
no os puede vuestra parla valer un mal dinero:
que trayendo mi voz como falso vocero
diste consejo malo, mataste a mi romero.

Si no le hubieses dicho tú, Santiago eras,
si tú no le mostraras por señas mis veneras,
no dañara su cuerpo con sus mismas tijeras
ni yacería cual yaces por esas carreteras.

Mucho me encoleriza vuestra mala partida,
y mirar por vosotros mi forma escarnecida.
Mataste mi romero con mentira sabida,
y ahora veo además su alma mal traída.

Os emplazo ante el juicio de la Virgen María,
ante ella me clamo en esta pleitesía.
Yo de otra manera no os abandonaría,
pues veo que traéis muy gran alevosía."

Propusieron sus voces ante la Gloriosa,
cada parte afincó claramente la cosa.
Las razones oyó la Reina preciosa,
terminó la baraja de manera sabrosa:

El engaño sufrido provecho debía hacer,
que el romero a Santiago cuidaba obedecer
creyendo que por eso en salbo debía ser;
pero el engañador lo debía padecer.

Dijo Ella. "Yo esto mando y doylo por sentencia:
el alma por la cual sostenéis la pendencia
ha de volver al cuerpo y hacer su penitencia;
luego como merezca recibirá la audiencia."

Valió esta sentencia, fue de Dios otorgada;
aquella alma mezquina al cuerpo fue tornada;
aunque le pesó al diablo y a toda su mesnada,
el alma fue a tornar a la vieja posada.

Levantóse el cuerpo que yacía trastornado,
limpiábase la cara Giraldo el degollado:
estúvose un momento medio desoncertado,
como el hombre que duerme y despierta enojado.

De la llaga que tuvo de la degolladura
apenas parecía la sobrenadura:
perdió todo color y toda calentura;
todos decían: "Este hombre fue de buena ventura".

De todo lo otro estaba bien sano y mejorado,
fuera de hilito que tenía atravesado;
mas lo de la natiura, cuanto que fue cortado,
no le volvió a crecer, quedó en este estado.

Todo estaba bien sano, todo buen encorado;
para verte sus aguas le quedaba el forado,
Requirió su repuesto lo que traía enfardado,
pensó en seguir su vía bien alegre y pagado.

Rindió gracias a Dios y a su madre, María,
y el apóstol tan santo do va la romería;
se apresuró a marchar, se unió a su compañía,
tenían con el milagro su solaz cada día.

Sonó por Compostela esta gran maravilla,
lo venían a ver todos los de la villa;
decían: " Esta cosa deberíamos escribirla:
a los que han de venir les placerá el oírla."

Cuando volvió a su tierra, su carrera cumplida,
y le oyeron la cosa como era acontecida,
tenía grandes clamores la gente, era movida
para ver a este Lázaro dado de muerte a vida.

Y paró en su negocio este romero mientes,
cómo lo quitó Dios de los malditos dientes,
y desamparó al mundo, a amigos y parientes,
por vestir en Cluny hábitos penitentes.

Don Hugo, hombre bueno, que era de Cluny abad,
varón muy religioso y de gran santidad,
contaba este milagro que acontesió en verdad;
poniéndolo en escrito hizo gran honestad.

Giraldo finó en la orden, vida muy buena haciendo,
con dichos y con hechos a su criador sirviendo,
en bien preserverando, del mal arrepintiendo;
el enemigo malo de él no se fue riendo.

La vocación de ser persona. Xosé Manuel Domínguez

Con tal de que un monje budista proponga a los moradores de un monasterio un debate sobre cualquier aspecto del budismo y lo gane, tiene derecho a quedarse en un monasterio budista zen. Si por el contrario, sale derrotado, deberá marcharse.

Dos hermanos, ambos monjes, vivían solo en un monasterio al norte de Japón. El hermano mayor era muy docto, mientras  que el pequeño, al que le faltaba un ojo, no lo era.

Un joven monje y el recien llegado se dirigieron al oratorio y tomaron asiento. Poco después, el forastero llegaba corriendo hasta el lugar donde se encontraba el hermano mayor. "Puedes sentirte satisfecho", le dijo. "Tu joven hermano es un eminente budista. Me ha derrotado". "Cuentame cómo se desarrolló el diálogo", le rogó el hermano mayor.

"Al sentarnos", explico el viajero, "yo levanté el dedo, representando al Buda, el iluminado´. Él replicó levantando los dos dedos, dando a entender que una cosa era el Buda y otra sus enseñanzas y sus seguidores, llevando una vida armoniosa. Pero él lanzó entonces un puño a la cara, indicandome que los tres elementos actúan juntos y así hay que comprenderlos. Fue así como me ganó y, por lo tanto, yo no tengo derecho a quedarme". Dicho esto, salió del monasterio y reemprendió su camino.

"¿Dónde se ha metido ese tipo?", preguntó el hermano menor, que salía del monasterio.

"Tengo entendido que ganaste el debate", le dijo el hermano mayor.

"No gané nada. Vengo a darle una paliza a ese monje".

"Cuéntame cómo fue la discución", le inquirió el hermano mayor.

"¡El tema!... Pues bien: nada más sentarnos, ese tipo levantó un dedo, insultándome al insinuar que sólo tengo un ojo. No obstante, puesto que se trataba de un forastero, pensé que era mi obligación portarme cortésmente, así que le mostré dos dedos, felicitándolo por su buena suerte que le había permitido conservar ambos ojos. Pero entonces, el muy miserable alzó impunemente tres dedos, sugiriendo que entre él y yo no sumábamos más que tres ojos. Esto me sacó de mis casillas, y empecé a darle puñetazos, aunque él logró escapar, y eso fue todo".

No escuchamos la realidad porque solemos estar embotados con lo que pensamos de la realidad y, otras veces, porque lo que sentimos no  nos deja abrirnos a lo que las cosas son. En todo caso, afectividad e intelección son, en realidad, inseparables.

martes, 15 de enero de 2013

Capítulo Séptimo. "El monje y san pedro"

En colonia, la rica cabeza de reinado,
había un monasterio, de San Pedro llamado;
había en él un monje asaz mal ordenado:
lo que dice la regla no le daba cuidado.

Era de poco seso, hacía mucha locura,
el que lo castigaran lo tenía sin cura;
le aconteció en todo esto muy gran desventura:
parió una bagasa de él una criatura.

Por salud de su cuerpo y por vivir más sano
hacía de electuarios uso muy cotidiano,
en invierno calientes y frios en verano;
debiera andar devoto, pero andaba lozano.

Vivía en esta vida de gran tribulación,
murió por sus pecados en muy fiera ocación,
ni tomó Corpus Domini ni hizo confesión,
lleváronse los diablos su alma a la prisión.

El apóstol San Pedro tuvo de él compasión,
porque en su monasterio hizo su profesión;
rogó a Jesucristo con toda devoción
de su misericordia que le diera ración.

Díjole Jesucristo: "Pedro mi muy amado,
bien sabes tú que dijo David en su dictado
que sólo habría de holgar en el monte sagrado
el que entró sin mancha y quito de pecado.

Éste por quien tú ruegas doblada la rodilla
no obraba con justicia ni vivió sin mancilla:
no honra a su convento esta tal gentecilla.
¿En qué merecer pudo asentarse en tal silla?"

Suplicó a las virtudes San Pedro celestiales
suplicaran al Padre de los penitenciales
que quitasen a este hombre de los lazos mortales:
le dijeron palabras a las otras iguales.

Volvióse a la Gloriosa Madre de Nuestro Don
y hacia las otras vírgenes que de su casa son;
fueron ellas a Cristo con gran suplicación,
por el alma del monje hicieron oración.

Cuando Don Cristo vio a su Madre Gloriosa
junto con sus amigas, procesión tan preciosa,
salió a recibirlas de manera graciosa:
¡el alma  que lo viese sería venturosa¡

"Madre - dijo Don Cristo - yo saberlo querría:
¿qué negocio acá os trae con esta compañía?"
"Hijo - dijo la madre - yo a rogaros venía
por el alma de un monje que en tal parte vivía."

"Madre - dijole el Hijo - no sería derechura
que el alma de tal hombre entrara en tal holgura:
sería menoscabada toda la Escritura;
pero por vuestro ruego hallaremos mesura.

Quiero hacer todo esto sólo por vuestro amor:
vuelvo aún a su cuerpo, del que fue morador,
haga su penitencia como hace el pecador,
y así podría salvarse de manera mejor."

Cuando San Pedro oyó este dulce mandado,
cuando vio su negocio tan bien enderezado,
volvióse hacia los diablos, mal consejo enconado;
el alma que llevaban cogiósela sin grado.

Diósela a dos niños de muy gran claridad,
ángelicas criaturas de muy gran santidad:
diósela en encomienda de toda voluntad
para llevarla al cuerpo con gran seguridad.

Diéronsela los niños a un fraile muy honrado
que había sido en la orden desde su niñez criado,
llevóla él hasta el cuerpo que yacía amortajado
y resucitó el monje, el señor sea loado.

Al alma de este monje solicitó su guía
(el fraile, ese hombre bueno de que antes os decía) :
"Yo te ruego por Dios y por Santa María
que tengas un clamor tú por mí cada día.

Otra cosa te ruego, y es que mi sepultura,
que está toda cubierta por cima de basura,
tú me la hagas barrer por tu buena mesura:
cúmplelo tú, así Dios te de buena ventura."

Resucitó el monje, el que estaba transido,
pero estuvo un día entero por completo aturdido;
pero volvió al cabo a todo su sentido
y refirió al convento qué le había acontecido.

Rindieron a Dios gracias, a la Virgo real
y al apóstol santísimo clavero celestial,
que por salvar su monje sufrió profazo tal,
que no fue este milagro a cualquier otro igual.

No tenga nadie dudas allá en su corazón:
no diga que esta cosa bien pudo ser o non;
si pone en la Gloriosa bien toda su intención
entenderá que esto no va contra razón.

Como es la Gloriosa llena de bendición
así es llena de gracia y quita la dicción:
no le sería negada ninguna petición,
no le daría tal Hijo a tal Madre que non.

Capítulos tercero a quinto. Milagros de N. Sra.


Capítulo tercero “El clérigo y la flor”      
 
De un clérigo leemos que era de sesos ido,
Y en los vicios del siglo seriamente embebido
Pero aunque era loco tenía un buen sentido:
Amaba a la Gloriosa de corazón cumplido.
 
Como quiera que fuese al mal acostumbrado,
En saludarla siempre era bien acordado;
Y no iría a la iglesia, ni a otro mandado
Sin que antes su nombre  no hubiera aclamado.
 
Decir no lo sabría por qué causa o razón
(Nosotros no sabemos si se lo buscó o non)
Dieron sus enemigos asalto a este varón
Y hubieron de matarlo, deles Dios su perdón.
 
Los hombres de la villa, y hasta sus compañeros,
Que de lo que pasó no estaban muy certeros,
Afuera de la villa, entre unos riberos
Se fueron a enterrarlo, mas no entre los diezmeros.
 
Pesóle a la Gloriosa por este enterramiento,
Porque yacía su siervo fuera de su convento;
Aparecióse a un clérigo de buen entendimiento
Y le dijo que hicieron un yerro muy violento.
 
Ya hacía treinta días que estaba soterrado:
En término tan luengo podía ser dañado;
Dijo Santa María: “Es gran desaguisado
Que yazga mi notario de aquí tan apartado.
 
Te mando que lo digas: dí que mi cancelario
No merecía ser echado del sagrario;
Diles que no lo dejen allí otro treintenario
Y que con los demás lo lleven al osario.”
 
Preguntóle el clérigo que yacía adormentado:
“¿Quién eres tú que me hablas? Dime quien me ha mandado,
Que cuando dé el mensaje, me será demandado
Quién es el querelloso, o quién el soterrado”.
 
Díjoles la Gloriosa: “Yo soy Santa María,
Madre de Jesucristo que mamó leche mía:
El que habéis apartado de vuestra compañía
Por cancelario mío con honra lo tenía.
 
El que habéis soterrado lejos del cementerio
Y a quien no habéis querido hacerle ministerio
Es quien me mueve a hacerte todo este reguncerio:
Si no lo cumples bien, corres peligro serio.”
 
Lo que la dueña dijo fue pronto ejecutado:
Abrieron el sepulcro como lo había ordenado
Y vieron un milagro simple, y sí doblado;
Este milagro doble fue bien notado.
 
Salía de su boca, muy hermosa, una flor,
De muy grande hermosura, de muy fresco color,
Henchía toda la plaza con su sabroso olor,
Que no sentían del cuerpo ni un punto de hedor.
 
Le encontraron la lengua tan fresca, y tan sana
Como se ve la carne de la hermosa manzana:
No la tenía más fresca cuando a la meridiana
Se sentaba él hablando en medio la quintana.
 
Vieron que esto pasó gracias a la Gloriosa,
Porque otro no podría hacer tamaña cosa:
Trasladaron el cuerpo, cantando Specïosa,
Más cerca de la iglesia a tumba más preciosa.
 
Todo hombre del mundo hará gran cortesía
Si hiciere su servicio a la Virgo María:
Mientras vivo estuviere, verá placentería,
Y salvará su alma al postrimero día.
 
Capítulo Cuarto “El premio de la Virgen”
 
De otro clérigo más nos dice la escritura
Que de Santa María amaba la figura,
Que siempre se inclinaba delante su pintura
Y tenía gran vergüenza al ver su catadura.
 
Mucho amaba a su Hijo, mucho la amaba a Ella,
Tenía por sol al Hijo, La madre por estrella,
Quería bien al Hijuelo y mucho a la Doncella,
Por que los servía poco estaba en gran querella.
 
Aprendió cinco motes, los cinco de alegría,
Que hablan de los gozos, de la Virgo María:
Decíaselos el clérigo delante cada día,
Tenía Ella con ellos muy gran placentería.
 
“Gozo hayas, María que el Ángel creiste,
Gozo hayas, María, que virgen concebiste,
Gozo hayas, María que a Cristo pariste,
La ley vieja cerraste, y la nueva abriste.”
 
Cuantas fueron las llagas al el Hijo sufrió,
Decía él tantos gozos a la que lo parió:
Como fue bueno el clérigo, y bien lo mereció,
Tuvo galardón bueno, buen grado recibió.
 
Por estos cinco gozos debemos recordar
Los sentidos del cuerpo que nos hacen pecar:
El ver, con el oir, el oler, el gustar,
El prender de las manos que decimos tocar.
 
Si estos cinco gozos que dichos os tenemos
A la Madre gloriosa bien se los ofrecemos,
Del yerro que por estos sentidos cometemos
Por su santo ruego gran perdón ganaremos.
 
Enfermó este clérigo de tan fuerte manera
Que le querían los ojos salir de la mollera;
Pensaba que ya había cumplido su carrera
Y que se le acercaba la hora postrimera.
 
Le apareció la Madre del Rey celestial,
La que en misericordia no tuvo nunca igual:
“Amigo – dijo – sálvate el Amo espiritual
De cuya madre fuiste siempre amigo leal.
 
Esfuérzate, no temas, no estés desanimado,
Sabe que ya serás de este dolor curado;
Tente por Dios seguro de tu cuita librado:
Ya lo dice tu pulso, del todo mejorado.
 
Estándote yo cerca, tú no tengas pavor;
Tente por mejorado de todo tu dolor:
Recibí de ti siempre buen servicio y honor,
Quiero darte ahora el precio de toda tu labor.”
 
Bien se cuidaba el clérigo del lecho levantar
Y volver por lo campos sobre sus pies a andar,
Pero hay gran diferencia de saber a cuidar
Y fue de otra manera todo esto a terminar.
 
Bien se cuidaba el clérigo de la prisión salir,
Y con sus conocidos deportar y reír,
Pero no pudo el alma tal plazo recibir:
Desamparo el cuerpo, tuvo de él que partir.
 
Tomóla la Gloriosa, de los cielos reina,
Y la hija se fue con la buena madrina;
Tomáronla los ángeles con la gracia divina,
La llevaron al cielo donde el bien no termina.
 
La Madre gloriosa lo que le prometió
Bendita sea Ella que bien se lo cumplió:
Lo que decía Ella él no se lo entendió,
Mas todo lo que dijo verdadero salió.
 
Cuantos la voz oyeron y vieron la cosa
Todos tuvieron que hizo milagro la Gloriosa:
 tuvieron que fue el clérigo de ventura donosa,
glorificaban todos a la virgo preciosa.
 
Capítulo Quinto “El pobre caritativo”
Érase un hombre pobre- de limosnas vivía-
Que de toda infurción y renta carecía
Fuera de su trabajo, la vez que lo tenía
Y en bien pocos pepiones su hacienda consistía.
 
Por ganar la Gloriosa a la que mucho amaba,
Partía con los pobres todo cuanto ganaba;
En esto contendía y en esto se esforzaba:
Para obtener su gracia su pobreza olvidaba.
 
Cuando hubo este pobre de este mundo a pasar
La madre muy gloriosa lo vino a convidar;
Hablóle muy sabroso, queríalo halagar,
Oyeron su palabra todos los del lugar:
 
“Tú mucho codiciaste la nuestra compañía,
Para ganarla empleaste bien buena maestría:
Partías tus limosnas, decías “Ave María”;
Por qué lo hacías todo yo muy bien lo entendía.
 
Sábete que tu cosa está bien recabada,
Que es éstas en la que estamos la postrera jornada
El Ite missa est cuenta que es cantada,
Y ha llegado la hora de cobrar tu soldada.
 
Hasta aquí me he venido por llevarte conmigo
Al reino de mi Hijo – él que te es buen amigo –
Do se ceban los ángeles con el buen candeal trigo,
Que las santas virtudes se placerán contigo.”
 
Cuando hubo la Gloriosa el sermón acabado
Desamparó el alma su cuerpo venturado;
La tomaron los ángeles, convento tan  honrado,
La llevaron al cielo, el Señor sea loado.
 
Y todos los que habían la voz antes oído
Todos vieron entonces cumplir lo prometido;
Y a la Madre gloriosa, por haberlo cumplido
Cada cual por su lado las gracias le ha rendido.
 
El que tal cosa oyese sería mal venturado
Si de Santa María no fuese más pagado;
Si no la honrase más sería desmesurado:
El que de ella se aparta va muy mal engañado.
 
Aún más adelante queremos aguijar:
Una razón como ésta no es para abandonar,
Porque estos son los árboles do debemos holgar,
En cuya sombra suelen las aves organar.

sábado, 12 de enero de 2013

Jennings-Gary-Sangre-Azteca


Entre un latigazo y otro gritó que la mezcla de sangre española
y azteca produce hombres y mujeres que no contraen
tantas enfermedades europeas como la sífilis, que ha matado
a nueve de cada diez indios, y que tampoco padecen las fiebres
tropicales que se han cobrado la vida de tantos de nuestros
amigos españoles y familias españolas.
 
Ha blasfemado al decir que algún día Nueva España será

poblada y gobernada por mestizos, quienes, en lugar de ser

considerados leprosos sociales, serán los seres más altivos de

la Tierra.
http://es.scribd.com/doc/120089497

miércoles, 9 de enero de 2013

Milagros de N. Sra. Capítulo 2 "El Sacristan Impúdico"

Amigos, si quisierais otro poco esperar,
aún otro milagro os querría contar
que por Santa María se dignó Dios mostrar,
de cuya leche quiso con su boca mamar.

Un monje muy devoto en un convento había
- el lugar no lo leo, decir no lo sabría -,
Quería de corazón bien a Santa María,
cada día a su imagen su reverencia hacía.

Cada día a su imagen su reverencía hacía
hincábase de hinojos, decía " Ave María ".
El abad de la casa dióle sacristanaía:
por libre de locura, por cuerdo lo tenía.

El enemigo malo de Beelzebub vicario,
que siempre ha sido y es de los buenos contrario,
tanto pudo bullir el sutil adeversario
que al monje corrompió y lo hizo fornicario.

Tomó costumbre mala el loco pecador:
de noche, cuando estaba acostado el prior,
salía por la iglesia fuera del dormitorio
para correr el torpe a su mala labor.

Y tanto a la salida como luego a la entrada
delante del altar caía su pasada;
la reverencia y "Ave" que tenía acostumbrada
no se las olvidaba en ninguna vegada.

Cerca del monasterio un río bueno corría;
el monje pecador que pasarlo tenía,
cuando de cometer su locura volvía
cayó en él y se ahogó fuera de la freiría.

Cuando vino la hora de maitines tocar
no había sacristan que pudiese sonar;
levantáronse todos, dejaron su lugar
y fueron a la iglesia al monje a despertar.

Abrieron la iglesia como mejor supieron,
el clavero buscaron y hallar no lo pudieron.
Por arriba y abajo todos tanto anduvieron
que donde estaba ahogado por fin lo descubrieron.

Qué podía ser eso no lo podían pensar,
si murió o lo mataron no lo sabían juzgar;
era grande la basca y mayor el pesar,
porque perdía su precio por eso este lugar.

Mientras yacía perdido el cuerpo por el río,
digamos de su alma y su pleito sombrío:
porque vino por ella de diablor gran gentío
para llevarla al bárbaro, de deleites vacio.

Mientras los diablos iban con ella peloteando
los ángeles la vieron, por ella iban bajando;
los diablos los tuvieron gran tiempo querellando
que esa alma era suya, que la fueron dejando.

No tuvieron los ángeles derecho a disputarla,
porque tuvo mal fin, y debieron dejarla.
No pudieron sacarles por valor de una agalla
y hubieron de partirse tristes de la batalla.

Acudió la Gloriosa Reína general,
porque los diablos sólo se acordaban del mal;
mandóles atender, no osaron hacer ál,
y movióles querella muy firme y muy cabal.

Propuso la Gloriosa palabra colorada:
"Contra esta alma, locos - dijo - no teneís nada.
Mientras vivió en su cuerpo me estuvo encomendada;
sufriría ahora daño por ir desamparada."

Por la parte contraria le respondió el vocero,
un diablo sabedor, sutil y muy puntero:
"Madre eres del Hijo alcalde derechero,
no le gusta la fuerza ni es de ella placentero.

Escrito está que el hombre, allí donde es hallado,
sea en bien, o sea en mal, es por ello juzgado;
y si un decreo tal por ti fuera falseado
el Evangelio todo quedará descuajado."

"Hablas - dijo la Virgen - como una cosa necia.
No me ofendo, porque eres una cativa bestia.
Cuando salió de casa, de mí tomó licencia:
de su pecado, yo le daré penitencia.

Yo no he de rebajarme hasta haceros violencia,
mas apelo ante Cristo ante su propia audiencia,
ante Él que es poderoso y lleno de sapiensia:
yo de Su boca quiero oir esta sentencia."

El señor de los Cielos, alcalde sabedor,
decidió la contienda: nunca visteis mejor.
Mandó tornal el alma a su cuerpo el señor,
luego cual mereciese recibiría el honor.

El convento quedaba triste y desconsolado
por este mal ejemplo que les había llegado
cuando resucitó el cuerpo ya pasado;
espantáronse todos de verlo en buen estado.

Hablóles el buen hombre, díjoles: "Compañeros,
muerto fui y estoy vivo, podéis estar certeros.
¡Gracias a la Gloriosa que salva a sus obreros,
que me libró de manos de los malos guerreros!"

Contóles por su lenguia toda la letanía,
que decían los diablos, y que Santa María,
como los libró ella de su soberanía;
si no fuese por ella, estaba en negro día.

Rindieron a Dios gracias de toda voluntad,
y a la santa Reina y Madre de piedad,
que hizo tal milagro por su benignidad,
por quien está más firme toda la cristiandad.

Confesóse el monje e hizo penitencia,
mejoróse de toda su mala continencia,
sirvió a la Gloriosa mientras tuvo potencia,
finó cuando Dios quiso sin variar su creencia...
Reqüiescat in pace cum divina dementia.

Muchos milagros tales, y muchos más granados
hizo Santa María sobre sus aclamados:
no serían los milésimos por mil hombres contados,
mas de los que supiéramos quedaréis bien pagados.

Milagros de N. Sra. Capítulo 2 "El Sacristan Impúdico"

Amigos, si quisierais otro poco esperar,
aún otro milagro os querría contar
que por Santa María se dignó Dios mostrar,
de cuya leche quiso con su boca mamar.

Un monje muy devoto en un convento había
- el lugar no lo leo, decir no lo sabría -,
Quería de corazón bien a Santa María,
cada día a su imagen su reverencia hacía.

Cada día a su imagen su reverencía hacía
hincábase de hinojos, decía " Ave María ".
El abad de la casa dióle sacristanaía:
por libre de locura, por cuerdo lo tenía.

El enemigo malo de Beelzebub vicario,
que siempre ha sido y es de los buenos contrario,
tanto pudo bullir el sutil adeversario
que al monje corrompió y lo hizo fornicario.

Tomó costumbre mala el loco pecador:
de noche, cuando estaba acostado el prior,
salía por la iglesia fuera del dormitorio
para correr el torpe a su mala labor.

Y tanto a la salida como luego a la entrada
delante del altar caía su pasada;
la reverencia y "Ave" que tenía acostumbrada
no se las olvidaba en ninguna vegada.

Cerca del monasterio un río bueno corría;
el monje pecador que pasarlo tenía,
cuando de cometer su locura volvía
cayó en él y se ahogó fuera de la freiría.

Cuando vino la hora de maitines tocar
no había sacristan que pudiese sonar;
levantáronse todos, dejaron su lugar
y fueron a la iglesia al monje a despertar.

Abrieron la iglesia como mejor supieron,
el clavero buscaron y hallar no lo pudieron.
Por arriba y abajo todos tanto anduvieron
que donde estaba ahogado por fin lo descubrieron.

Qué podía ser eso no lo podían pensar,
si murió o lo mataron no lo sabían juzgar;
era grande la basca y mayor el pesar,
porque perdía su precio por eso este lugar.

Mientras yacía perdido el cuerpo por el río,
digamos de su alma y su pleito sombrío:
porque vino por ella de diablor gran gentío
para llevarla al bárbaro, de deleites vacio.

Mientras los diablos iban con ella peloteando
los ángeles la vieron, por ella iban bajando;
los diablos los tuvieron gran tiempo querellando
que esa alma era suya, que la fueron dejando.

No tuvieron los ángeles derecho a disputarla,
porque tuvo mal fin, y debieron dejarla.
No pudieron sacarles por valor de una agalla
y hubieron de partirse tristes de la batalla.

Acudió la Gloriosa Reína general,
porque los diablos sólo se acordaban del mal;
mandóles atender, no osaron hacer ál,
y movióles querella muy firme y muy cabal.

Propuso la Gloriosa palabra colorada:
"Contra esta alma, locos - dijo - no teneís nada.
Mientras vivió en su cuerpo me estuvo encomendada;
sufriría ahora daño por ir desamparada."

Por la parte contraria le respondió el vocero,
un diablo sabedor, sutil y muy puntero:
"Madre eres del Hijo alcalde derechero,
no le gusta la fuerza ni es de ella placentero.

Escrito está que el hombre, allí donde es hallado,
sea en bien, o sea en mal, es por ello juzgado;
y si un decreo tal por ti fuera falseado
el Evangelio todo quedará descuajado."

"Hablas - dijo la Virgen - como una cosa necia.
No me ofendo, porque eres una cativa bestia.
Cuando salió de casa, de mí tomó licencia:
de su pecado, yo le daré penitencia.

Yo no he de rebajarme hasta haceros violencia,
mas apelo ante Cristo ante su propia audiencia,
ante Él que es poderoso y lleno de sapiensia:
yo de Su boca quiero oir esta sentencia."

El señor de los Cielos, alcalde sabedor,
decidió la contienda: nunca visteis mejor.
Mandó tornal el alma a su cuerpo el señor,
luego cual mereciese recibiría el honor.

El convento quedaba triste y desconsolado
por este mal ejemplo que les había llegado
cuando resucitó el cuerpo ya pasado;
espantáronse todos de verlo en buen estado.

Hablóles el buen hombre, díjoles: "Compañeros,
muerto fui y estoy vivo, podéis estar certeros.
¡Gracias a la Gloriosa que salva a sus obreros,
que me libró de manos de los malos guerreros!"

Contóles por su lenguia toda la letanía,
que decían los diablos, y que Santa María,
como los libró ella de su soberanía;
si no fuese por ella, estaba en negro día.

Rindieron a Dios gracias de toda voluntad,
y a la santa Reina y Madre de piedad,
que hizo tal milagro por su benignidad,
por quien está más firme toda la cristiandad.

Confesóse el monje e hizo penitencia,
mejoróse de toda su mala continencia,
sirvió a la Gloriosa mientras tuvo potencia,
finó cuando Dios quiso sin variar su creencia...
Reqüiescat in pace cum divina dementia.

Muchos milagros tales, y muchos más granados
hizo Santa María sobre sus aclamados:
no serían los milésimos por mil hombres contados,
mas de los que supiéramos quedaréis bien pagados.

Milagros de N. Sra. Capítulo 2 "El Sacristan Impúdico"

Amigos, si quisierais otro poco esperar,
aún otro milagro os querría contar
que por Santa María se dignó Dios mostrar,
de cuya leche quiso con su boca mamar.

Un monje muy devoto en un convento había
- el lugar no lo leo, decir no lo sabría -,
Quería de corazón bien a Santa María,
cada día a su imagen su reverencia hacía.

Cada día a su imagen su reverencía hacía
hincábase de hinojos, decía " Ave María ".
El abad de la casa dióle sacristanaía:
por libre de locura, por cuerdo lo tenía.

El enemigo malo de Beelzebub vicario,
que siempre ha sido y es de los buenos contrario,
tanto pudo bullir el sutil adeversario
que al monje corrompió y lo hizo fornicario.

Tomó costumbre mala el loco pecador:
de noche, cuando estaba acostado el prior,
salía por la iglesia fuera del dormitorio
para correr el torpe a su mala labor.

Y tanto a la salida como luego a la entrada
delante del altar caía su pasada;
la reverencia y "Ave" que tenía acostumbrada
no se las olvidaba en ninguna vegada.

Cerca del monasterio un río bueno corría;
el monje pecador que pasarlo tenía,
cuando de cometer su locura volvía
cayó en él y se ahogó fuera de la freiría.

Cuando vino la hora de maitines tocar
no había sacristan que pudiese sonar;
levantáronse todos, dejaron su lugar
y fueron a la iglesia al monje a despertar.

Abrieron la iglesia como mejor supieron,
el clavero buscaron y hallar no lo pudieron.
Por arriba y abajo todos tanto anduvieron
que donde estaba ahogado por fin lo descubrieron.

Qué podía ser eso no lo podían pensar,
si murió o lo mataron no lo sabían juzgar;
era grande la basca y mayor el pesar,
porque perdía su precio por eso este lugar.

Mientras yacía perdido el cuerpo por el río,
digamos de su alma y su pleito sombrío:
porque vino por ella de diablor gran gentío
para llevarla al bárbaro, de deleites vacio.

Mientras los diablos iban con ella peloteando
los ángeles la vieron, por ella iban bajando;
los diablos los tuvieron gran tiempo querellando
que esa alma era suya, que la fueron dejando.

No tuvieron los ángeles derecho a disputarla,
porque tuvo mal fin, y debieron dejarla.
No pudieron sacarles por valor de una agalla
y hubieron de partirse tristes de la batalla.

Acudió la Gloriosa Reína general,
porque los diablos sólo se acordaban del mal;
mandóles atender, no osaron hacer ál,
y movióles querella muy firme y muy cabal.

Propuso la Gloriosa palabra colorada:
"Contra esta alma, locos - dijo - no teneís nada.
Mientras vivió en su cuerpo me estuvo encomendada;
sufriría ahora daño por ir desamparada."

Por la parte contraria le respondió el vocero,
un diablo sabedor, sutil y muy puntero:
"Madre eres del Hijo alcalde derechero,
no le gusta la fuerza ni es de ella placentero.

Escrito está que el hombre, allí donde es hallado,
sea en bien, o sea en mal, es por ello juzgado;
y si un decreo tal por ti fuera falseado
el Evangelio todo quedará descuajado."

"Hablas - dijo la Virgen - como una cosa necia.
No me ofendo, porque eres una cativa bestia.
Cuando salió de casa, de mí tomó licencia:
de su pecado, yo le daré penitencia.

Yo no he de rebajarme hasta haceros violencia,
mas apelo ante Cristo ante su propia audiencia,
ante Él que es poderoso y lleno de sapiensia:
yo de Su boca quiero oir esta sentencia."

El señor de los Cielos, alcalde sabedor,
decidió la contienda: nunca visteis mejor.
Mandó tornal el alma a su cuerpo el señor,
luego cual mereciese recibiría el honor.

El convento quedaba triste y desconsolado
por este mal ejemplo que les había llegado
cuando resucitó el cuerpo ya pasado;
espantáronse todos de verlo en buen estado.

Hablóles el buen hombre, díjoles: "Compañeros,
muerto fui y estoy vivo, podéis estar certeros.
¡Gracias a la Gloriosa que salva a sus obreros,
que me libró de manos de los malos guerreros!"

Contóles por su lenguia toda la letanía,
que decían los diablos, y que Santa María,
como los libró ella de su soberanía;
si no fuese por ella, estaba en negro día.

Rindieron a Dios gracias de toda voluntad,
y a la santa Reina y Madre de piedad,
que hizo tal milagro por su benignidad,
por quien está más firme toda la cristiandad.

Confesóse el monje e hizo penitencia,
mejoróse de toda su mala continencia,
sirvió a la Gloriosa mientras tuvo potencia,
finó cuando Dios quiso sin variar su creencia...
Reqüiescat in pace cum divina dementia.

Muchos milagros tales, y muchos más granados
hizo Santa María sobre sus aclamados:
no serían los milésimos por mil hombres contados,
mas de los que supiéramos quedaréis bien pagados.

martes, 8 de enero de 2013

Milagros de N.Sra. Capítulo Primero " la casulla de San Idelfonso"

En Toledo la buena, esa villa real
que yace sobre el Tajo, esa agua caudal,
hubo un arzobispo, coronado leal,
que fue de la Gloriosa amigo natural.

Se llamba Idelfonso, dícelo la escritura,
pastor que a su grey daba buena pastura,
hombre de santa vida que trajo gran cordura:
cuanto decir podamos su hecho lo mestura.

Siempre con la Gloriosa supo amistad tener,
nunca varón en dueña puso mayor querer;
en buscarle servicio usaba su saber,
prevención y prudencia sabía en ello poner.

Sin los otros servicios muchos y muy granados,
dos hay en el escrito, éstos son más notados:
hizo sobre ella un libro de dichos colorados
de su virginidad contra tres renegados.

Hízole otro servicio el leal coronado:
que le hizo una fiesta en diciembre mediado,
la que caía en marzo (¡día muy señalado!)
cuando vino Gabriel con el rico mandado.

Cuando vino Gabriel con la mensajería,
cuando sabrosamente dijo: "Ave María",
y dióle por noticia que pariría al Mesías
quedandose tan íntegra como estaba ese día

La fiesta caía en tiempo ( y esto bien se sabía)
que no canta la Iglesia sus cantos de alegría:
no recibía lo suyo tan señalado día ;
en cambiarlos juzgamos que hizo gran cortesía .

Hizo gran providencia el amigo leal
que colocó esta fiesta tan cerca de Natal:
asentó buena viña cerca de buen parral,
la Madre con el Hijo por que no tiene igual.

El tiempo de cuaresma es tiempo de aflicción,
ni cantan aleluya ni hacen procesión;
en Toledo quedaron muy pocos en su hostal
que no fuernon a misa a la sede obispal.

El arzobispo santo, tan leal coronado,
para entrar a misa estaba preparado;
en su preciosa cátedra estábase asentado:
trájole la Gloriosa presente muy honrado.

Le apareció la madre del Rey de Majestad
con un libro en la mano de muy gran claridad:
el que él había hecho de su virginidad;
a Idelfonso le plugo de toda voluntad.

Y le hizo otro gracia como nunca fué oida,
que le dio una casulla sin aguja cosida:
angélica obra era, no por hombre tejida;
dijo pocas palabras, razón buena cumplida.

Díjole: "Amigo, sabe que de tu estoy pagada,
me has buscado honra no simple, y sí doblada:
en un buen libro soy de ti bien alabada
y me hiciste una nueva fiesta que no era usada.

Para tu misa nueva de esta festividad
yo te traigo una ofrenda de gran preciosidad:
casulla con que cantes, preciosa de verdad,
hoy en el santo día de la Natividad."

Dichas estas palabras, la Madre gloriosa
quitósele de ojos, no vio ninguna otra cosa;
acabó su mensaje la persona preciosa
de la Madre de Cristo, su criada y esposa:

"El sentarse en la cátedra en la que estás sentado
a tu cuerpo señero le será soportado;
revestir esta alba a ti se te ha otorgado;
de la Madre de Cristo , su criada y esposa:

Esta fiesta preciosa que tenemos contada
en general concilio fue luego confirmada:
es en muchas iglesias guardada y celebrada;
mientras el silgo dure no ha de ser olvidada.

Cuando le plugo a Cristo, al celestial Señor,
finó San Idelfonso, precioso confesor:
honrólo la gloriosa Madre del Criador,
dióle gran honra al cuerpo, y al alma muy mejor.

Pusieron de arzobispo canónigo lozano,
que era muy soberbio y de seso liviano;
quiso igualar al otro, en esto fue villano,
por bien no se lo tuvo el pueblo toledano.

Sentóse en la cátedra de su predecesor,
y pdió la casulla que le dio el Criador;
dijo palabras locas el torpe pecador,
pasaron a la Madre de Dios Nuestro Señor.

Dijo unas palabras de muy gran liviandad:
"Idelfonso no fue de mayor dignidad;
soy tan bien consagrado como él, en verdad;
todos somos iguales en nuestra humanidad".

Si no hubiera Seaggio tan adelante ido,
y si hubiera su lengua un poco retenido,
nunca hubiera en la ira del Criador caído,
que pensamos que se ha - ¡mal pecado!-  perdido.

Mandó a los ministros la casulla traer
para entrar a la misa la condesion  hacer
mas no loe fue sufrido, ni le dieron poder,
que lo que Dios no quiere no puede suceder.

A pesar de lo amplia que era la vestidura
 le resultóo a Siaggio angosta sin mesura:
tomóle la garganta como cadena dura
y pereció ahogado por su grande locura.

La Virgen gloriosa, estrella de la mar,
a sus amigos sabe galardón bueno dar;
si bien sabe a los bueno el bien galardonar,
a los que no la sirven los sabe mal curar.

Amigos, a tal madre bien cuidarla debemos;
si la sevimos, nuestro provehco buscaremos,
honraremos los cuerpos, las almas salvaremos,
y por poco servicio, gran galardón tendremos.

Introducción: " MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA"

Amigos y Vasallos de Dios omnipotente,
si escucharme quisierais cortés y atentamente,
yo os querría contar un suceso excelente:
al cabo os será grato, indubitablemente.

Yo, el maestro Gonzalo de Berceo llamado,
yendo en romería acaecí en un prado
verde, y bien sencido, de flores bien poblado,
lugar codiciadero para el hombre cansado.

Daban olor soberbio las flores bien olientes,
refrescaban al par las caras y las mentes;
manaban cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en invierno calientes.

Gran abundancia había de buenas arboledas,
higueras y granados, perales, manzanedas,
y muchas otras frutas de diversas monedas,
pero no las había ni podridas ni acedas.

La verdura del prado, el olor de las flores,
las sombras de los árboles de templados sabores
refréscandome todo, y perdí los sudores:
podría vivir el hombre con aquellos olores.

Nunca encontré en el siglo lugar tan deleitoso,
ni sombra tan templada, ni un olor tan sabroso.
Me quité mi ropilla para estar más vicioso
y me puse a la sombre de un árbol muy hermoso.

A la sombra yaciendo perdí todos cuidados,
y oí sones de aves dulces y modulados;
nunca oyó nungún hombre órganos más templados
ni que formar pudiesen sones más acordados.

Unas tenían la quinta y las otras doblaban;
otras tenían el punto, errar no las dejaban.
Al posar, al moverse, todas se acompasaban:
aves torpes o roncas allí no se acercaban.

No hay ningún organista, ni hay ningún violero,
ni giga, ni salterio, ni mano de rotero,
ni instrumento, ni lengua, ni tan claro vocero
cuyo canto valiese junto a éste un dinero.

Pero aunque siguiéramos diciendo sus bondades,
el diezmo no podríamos contar ni por mitades:
tenía de nobleza tantas diversidades
que no las contarían ni priores ni abades.

El prado que yo os digo tenía otra bondad:
por calor ni por frío perdía su beldad,
estaba siempre verde toda su integridad,
no ajaba su verdura ninguna tempestad.

En cuanto me hube en la tierra acostado
 de todo mi lacerio me quedé liberado,
olvidé toda cuita  y lacerio pasado:
¡el que allí demorase sería bien aventurado!

Los hombres y las aves cuantas allí acaecían
llevaban de las flores cuantas llevar querían,
mas de ellas en el prado ninguna mengua hacían:
por una que llevaban, tres y cuatro nacían.

Parejo al paraíso me parece este prado,
por Dios con tanta gracia y bendición  sembrado:
el que creó tal cosa fué maestro avisado;
no perderá su imagen quien haya allí morado.

El fruto de los árboles era dulce y sabrido:
si Don Adán hubiese de tal fruto comido
de tan mala manera no fuera decebido
ni tomaran tal daño Eva ni su marido.

Amigos y señores: lo que  dicho tenemos
 es oscura palabra: exponerla queremos.
Quitemos la corteza, en el meollo entremos,
tomemos lo de dentro, lo de fuera dejemos.

Todos cuantos vivimos y sobre pies andamos
- aunque acaso en prisión o en un lecho yazgamos-
todos somos romeros que en un camino andamos:
esto dice San Pedro, por él os lo probamos.

Mientras aquí vivimos, en ajeno moramos;
la morada durable arriba la esperamos,
y nuestra romería solamente acabamos
cuando hacia el Peraíso las almas enviamos.

En esta romería tenemos un buen prado
en que encuentra cobijo el romero cansado:
es la Virgen Gloriosa, madre del buen criado
del cual otro ninguno igual no fue encontrado.

Este prado fue siempre verde en honestidad,
por que nunca hubo mácula en su virginidad;
post partum et in partu fue Virgen de verdad,
ilesa e incorrupta en su integridad.

Las cuatro fuentes claras que del prado manaban
los cuatro evangelios eso significaban:
que los evangelistas, los cuatro que redactaban,
cuando los escribían con la virgen hablaban.

Cuanto escribían ellos, ella se lo emendaba;
sólo era bien firme lo que ella alababa:
parece que este riego todo de ella manaba,
cuando sin ella nada a cabo se llevaba.

La sombra de los árboles, buena, dulce y sanía,
donde encuentra cobijo toda la romería,
muestra las oraciones que hace Santa María,
que por los pecadores aboga noche y día.

Cuantos son en el mundo, justos y pecadores,
coronados y legos, reyes y emperadores,
allí corremos todos, vasallos y señores,
y todos a su sombra vamos a coger flores.

Los arboles que hacen sombra dulce y donosa
son los santos milagros que hace la Gloriosa,
y que son mucho más dilces que la ázucar sabrosa,
la que le dan al enfermo en la cuita rabiosa.

Y las aves que oraganan entre esos frutales,
que tienen dulces voces, dicen cantos leales,
esos son Agustín, Gregorio y otros tales,
todos los que escribieron de sus hechos reales.

Todos tenían con ella gran amistad y amor,
en alabar sus hechos ponían todo su ardor;
todos hablaban de ella, cada uno a su tenor,
pero en todo tenían todos igual fervor.

El ruiseñor que canta por fina maestría
y también la calandria, hacen gran melodía;
pero cantó mejor el varón Isaías
y los otros profetas, honrada compañia.

Cantaron los apóstoles por modo natural,
confesores y mártires hacían bien otro tal;
las vírgenes siguieron a la madre caudal;
todos ante ella cantan canto bien festival.

Por todas las iglesias - y eso es cada día -
cantan laudes ante ella toda la clerecía,
todos hacen su corte a la Virgo María:
estos son ruiseñores de gran placentería.

Volvamos a las flores que componen el prado,
que lo hacen hermoso, apuesto y tan templado:
las flores son los nombre que dan en el dictado
a la Virgo María, madre del buen criado.

Nuestra bendita Virgen es estrella llamada,
estrella de los mares y guía muy deseada;
es de los marineros en la cuita implorada,
por que cuando la ven la nave va guiada.

La llaman - y lo es - de los Cielos Reina,
templo de Jesucristo, estrella matutina,
señora natural y piadosa vecina,
de cuerpos de almas salud y medicina.

Ella es el vellocinio que fue de Gedeón
en que vino la lluvia, una grande visión ;
y la llaman la honda de David el varón,
con la cual confundió al gigante felón.

Ella es dicha la fuente de quien todos bebemos,
y nos dio  el sustento del que todos comemos;
ella es llamada el puerto al que todos corremos
y puerta por la cual nuestra entrada atendemos.

Ella es llamada puerta, en sí bien encerrada,
abierta para nos, para darnos la entrada;
ella es la paloma de hiel bien esmerada
en quien no cae ira, y siempre está pagada.

Ella con gran derecho se llama Sión.
porque es nuestra atalaya y nuestra protección;
ella es llamada trono del gran rey Salomón,
rey de mucha justicia, y muy sabio varón.

No existe nombre alguno que del bien no provenga
que de alguna manera con ella no se avenga;
y no hay tal que raíz en ella no la tenga:
ni Sancho ni Domingo, ni Sancha ni Domenga.

La llamada vid, y es uva, y almentra, y es granada
que de granos de gracua está toda colmada;
oliva, cedro, bálsamo, palma verde brotada,
pértiga en la que estuvo la sierpe levantada.

El palo que Moisés en la mano llevaba,
que confundíó a sabios que Fara´´on preciaba,
con la que abrió los mares y después los cerraba,
si no es a la Gloriosa, nada significaba.

Si parásemos mientes en el otro bastón
que partió la contienda y estuvo por Aarón,
nada significaba - lo dice la lección -
sino a la Gloriosam, y con buena razón.

Amigos y señores, en vano contendemos,
estamos en gran pozo, fondo no encontraremos:
más serían los nombres que de ella leemos.
que las flores del campo mayor que conocemos.

Ya dijimos arriba que eran los frutales
en los que hacían las aves los cantos generales
sus milagros muy santos, grandes y principales,
los cuales organamos en las fiestas caudales.

Pero quiero dejar los pájaros,
las sombras y las aguas, las antedichas flores:
quiero de estos frutales, tan llenos de dulzores,
hacer algunos versos, amigos y señores.

Quiérome en estos árboles un ratito subir
porque quiero algunos milagros escribir-
La Gloriosa me guíe y lo pueda cumplir,
que solo no podría bien airoso salir.

Tendré por un milagro más que hace la Gloriosa
el que quiera guiarme a mí en esta cosa:
Madre llena de gracia, Majestad poderosa,
guíame Tú en esto, ya eres tan piadosa.
¨
Por España quisiera en seguida empezar,
por Toledo la magna, afamado lugar:
que no sé por qué cabo empezaré a contar,
porque son más que arenas a la orilla del mar.


Gonzalo de Berceo - Milagros de Nuestra Señora

Este libro me lo encontré el fin de semana y me gustaría compartirlo con ustedes.
Bueno espero lo disfruten.

Gonzalo de Berceo, Primer Poeta Castellano de nombre conocido

Todo cuanto va a decirse en estas breves palabras preliminares está en cualquier manuel de literatura española. No es, pues, una lección erudita sino, bien lejos de ello, unas meras indicaciones destinadas a popularizar la figura y la obra, vertida al español moderno, del primero poeta castellano de nombre conocido en nuestras letras.
A fin de situar a Gonzalo de Berceo en el contexto de nuestra historia literaria, hemos de aludir a los dos generos arcaicos de la poesía castellana: el llamado " mester de juglaría", poesía épica que enaltece el heroísmo de los hechos de guerra y a un segundo género el "mester de clerecía", así llamada en el siglo XII la poesía sabia escrita por clérigos o autores eruditos y destinada a la lectura, a distinción del "mester de juglaría", genero de poemas anónimos y populares que recitaban de memoria los juglares o que los cantaban acompañandose al son de ciertos instrumentos.

La épica española, que logra su primera y más esplendida cristralización en el cantar de Mío Cid, El Romancero, Los Siete Infantes de Lara y Don Sancho de Castilla, no tarda en evolucionar de lo popular a lo erudito, orientándose desde el "caudillo"  hacia el "santo".

Al heroísmo de los cantares de gesta se añade o se suceden los temas religiosos o las reminiscenciasde la antigüedad clásica.

El fraile y el erudito, es decir el trabajador intelectual de la época, hacen así su primera aparición en las letras españolas.

Y tal es la tendencia que expresa el "mester de clerecía" cuya inspiración ya no es la misma, ni tampoco la medida del verso.

A esa escuela erudita o, mejor que "escuela", a esa coincidencia de poetas en un estilo erudito y eclesíastico y en una medida del versos que luego  se llamaron los alejandrinos , pertenecen monumentos literarios de nuestro período arcaico como El Libro de Alexandre y el poema de Fernan González.

Pero el poeta representativo del "mester de clerecía" fue Gonzalo de Berceo, clérigo secular adscrito al monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla y autor de las primeras poesías no anónimas que conserva la lengua española. El mismo se presenta en los primeros versos de su introducción a los milagros de Nuestra Señora y que dicen en su castellano arcaico:

Yo maestro Gonzalo de Verceo nomnado
lendo en romería caezi en un prado
Verde e bien sencido, de flores bien poblado,
Logar cobdiciaduero para omne cansado.
 
Nació a fines del siglo XII en el lugar de Berceo, en La Rioja. En 1221 era ya diácono;sacerdote en 1237; y aún vivía en 1246. En substancia, es todo lo que se sabe acerca de su exitencia. Mucho, si se le compara con otros poetas contemporáneos o aun posteriores al autor de estos Milagros, dechado de candidez, fragancia de estilo y nobleza de pensamiento.
 
 
La obra se compone de XXV capítulos ( o milagros ), coleccion de leyendas devotas relativas a la Virgen, y muchas de ellas extendidas también fuera de España y en el ámbito del mundo medieval. en todo caso, es la obra más larga e importante de Berceo.
 
Escribió, además, otros ocho poemas: dos más dedicados a la virgen: Loores de Nuestra Señora y Duelo de la Virgen el día de la Pasión de su Hijo, tres vidas de santos: Vida de Santo Domingo de Silos, Vida de San Millán de la Cogolla, Vida de Santa Oria; y tres poemas de asunto religioso vario: El martirio de San Lorenzo, El sacrificio de la Misa y De los signos que aparecerán antes del juicio.


Milagros de nuestra señora. "Capítulo Quinto" El pobre caritativo

Érase un hombre pobre -de limosnas vivía-
que de toda infurción y renta carecía
fuera de su trabajo, la vez que lo tenía
y en bien pocos pepiones su hacienda consistía.

Por ganar la Gloriosa a la que mucho amaba,
partía con los pobres todo cuando ganaba;
en esto contendía y en esto se esforzaba:
para obtener su gracia su pobreza olvidaba.

Cuando hubo este pobre de este mundo a pasar
la madre muy gloriosa lo vino a convidar;
hablóle muy sabroso, queríalo halagar,
oyeron su palabra todos los del lugar:

"Tú mucho codiciaste la nuestra compañía,
para ganarla empleaste bien buena maestría:
partías tus limosnas, decías "Ave María";
por qué lo hacías todo yo muy bien lo entendía.

Sábete que tu cosa está bien recabada,
que eséstas en la que estamos postrera jornada.
El Ite missa est cuenta que es cantada,
y ha llegado la hora de cobrar tu soldada.

Hasta aquí me ha venido por llevarme conmigo
al reino de mi hijo - él que te es buen amigo -
do se ceban los ángeles con el buen candeal trigo,
que las santas virtudes se placerán contigo".

Cuando hubo la Gloriosa al sermón acabado
desamparó el alma su cuerpo ventura;
la tomaron los ángeles, convento tan honrado,
la llevaron al cielo, el Señor sea loado.

Y todo los que habían la voz antes oído
todos vieron entonces cumplir lo prometido;
y a la Madre gloriosa, por haberlo cumplido
cada cual por su lado las gracias le ha rendido.

El que tal cosa oyese sería mal venturado
si de Santa María no fuese más pagado;
si no la honrase más sería desmesurado:
el que de ella se aparta va muy mal engañado.

Aún más adelante queremos aguijar:
una razón como ésta no es para abandonar,
porque estos son los árboles do debemos holgar,
 en cuya sombra suelen las aves organar.

domingo, 21 de octubre de 2012

Algunas cosas con las que no estoy de acuerdo y que detesto

Bien esta idea me surgio despues de un largo de dia de observacion , nos esta llevando la chingada!!!...

El internet ha ayudado mucho en estos ultimos tiempos a formar criterios, lo cual ya es una gran ventaja para la busqueda de la libertad y la verdad

bien esto sera algo constructivo que permitira consientizar de algunos problemas que nos atañen, destruccion de los ecosistemas y aun mas a las mismas especies, injusticia, desigualdad, discriminacion,control de masas, induccion de prejuicios, estereotipos,pobresa espiritual, inhumanidad.

La maestria del amor de Miguel Ruiz

No creas en mí, no creas en ti y no creas en nadie más. Cuando no crees, todo lo
que no es verdad desaparece como por arte de magia en este mundo de ilusión. Todo
es lo que es. No necesitas justificar lo que es verdad; no tienes que dar explicaciones.
Lo que es verdad no necesita el apoyo de nadie. Tus mentiras necesitan de tu apoyo.
Necesitas crear una mentira que sostenga la primera mentira, después otra que sostenga
a la última y otras más para sostener todas las mentiras juntas. Y así, al final, creas una
gran estructura de mentiras, y cuando aparece la verdad, todo se desmorona